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El sueño de la Iglesia Moriah nació en un momento donde parecía que ya no había salida. Éramos personas que, en algún punto, nos encontramos sin esperanza, pensando que todo había llegado a su final. Pero en medio de esa realidad, Dios tenía un propósito mayor.

En nuestros corazones comenzó a crecer el deseo de ayudar a otros que estaban pasando por lo mismo que nosotros habíamos vivido: dolor, vacío y falta de dirección. No queríamos que nadie más se sintiera solo o sin una oportunidad.

Fue entonces cuando entendimos que el Señor nos había escogido, no por nuestras fuerzas o méritos, sino tal como dice Su palabra: “lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. 1 Cor 1:27; a través de esa verdad, comprendimos que Dios transforma vidas y levanta a quienes el mundo muchas veces deja de lado.

Así comenzó este sueño: con fe, con obediencia y con el deseo de ser un instrumento de esperanza. Hoy, la Iglesia Moriah sigue creciendo con un propósito firme: llevar luz donde hay oscuridad, restauración donde hay heridas y esperanza a cada corazón que la necesita.